domingo, 14 de agosto de 2016

Mi musa personal



Cuándo las musas no están de tu parte
resulta imposible crear arte,
da igual qué tipo.
Pero luego, tras la más profunda
oscuridad y melancolía,
apareces.
Y contigo, la luz que tanto ansiaba.
Fluyen las letras como por arte de magia
y te miro,
y veo a las musas que tanto necesitaba
encerradas en el cuerpo de una diosa
que sería digno de admirar, hasta por el mismísimo
Zeus.
Observo con detenimiento
cada esquina de tu cuerpo
que dormita, tranquilo y perfecto, sobre mi pecho
en plena madrugada,
inocente y desconocedor de todo
lo que provoca en mí.
Y no hablo de lo físico, no,
yo voy más allá.
Hablo, de como hace que confunda
esas alas que tiene por brazos
con los versos más profundos de mi alma.
Hablo, de que en lugar de ver
unas piernas que estarían a la altura de ser
las de un ángel de Victoria,
veo un hogar,
donde quiero terminar cada uno de los días,
del resto de mi vida.
El hogar dónde se encuentra mi felicidad,
mi inspiración,
mi musa personal.
Y ahora, cariño, solo me queda
esperar que no te vayas.
Que no te vayas de mi lado,
que me mantengas con la vida que me diste.
Yo no puedo prometerte millones,
ni mansiones con vistas al mar.
Pero si te quedas, puedo prometerte
los sábados más intensos y
los domingos más aburridos.
Los versos más sinceros y
una sonrisa cada mañana al verte despertar.
Puedo darte todo lo que tengo,
que no es más,
que un poco de arte y un hueco en mi almohada
cada madrugada.
Pero solo, si decides quedarte.

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