viernes, 23 de septiembre de 2016

Reflexiones de media noche.

Mirar a una persona y sentir que no te hace falta nada más, sentir absoluta plenitud, evadirte del mundo, sentir que si en ese instante hubiera una catástrofe a dos centímetros de ti ni si quiera te perturbaría el bullicio, sentirte en otra dimensión, lejos del mundanal ruido, donde siempre es verano aunque fuera no cesen los truenos, donde la complicidad es la reina del baile y sentimientos como la ira, la tristeza, el rencor, el odio... brillan por su ausencia, sentir que tu lugar más seguro es entre sus brazos y tu paisaje favorito la inmensidad de sus ojos.
Ese es el mayor privilegio que se puede otorgar a una persona, aunque la otra apenas se de cuenta. No consigo imaginar mejor sensación que la felicidad que se siente al compartir momentos con alguien que es capaz de volverte loco sin siquiera saberlo, sin intentarlo, solo con una mirada, siendo tal y como es, sacando a relucir un alma sencilla, cristalina, pura.

Esa es la mejor manera que puedo concebir de lo que es querer y enamorarte de la forma correcta.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Aceptar y querer(te).

¿Puede una persona cambiar de opinión de la misma forma que cambia de peinado?
¿Puede alguien olvidarse de una persona a la que ha querido con la misma facilidad que olvida los ojos de un desconocido?
Y, ¿puede alguien enamorarse de otra persona solo con verla sonreír?

Hay tantas preguntas sin respuesta...

Tal y como yo lo veo, las personas son como el viento. Sus opiniones y sentimientos son como las hojas secas que acaban de caer en pleno otoño y se mueven, sin rumbo aparente, guiadas por el vaivén de la brisa que sopla con suavidad a la caída del sol.

Es entonces, en el momento que entiendes que el viento es incontrolable, cuando te das cuenta de que, igual, las personas son impredecibles.

Aunque cuesta, si uno se hace el valiente y tiene los cojones de querer a otro sin precedentes ni condicionales, tendrá que asumir que su vida nunca más volverá a ser la de antes, porque siempre habrá un ser impredecible a su lado que se encargará de que cada día sea diferente. Y, seamos sinceros, eso, acojona.

Pero supongo que en eso consiste querer(te), en no saber nunca lo que va a pasar y aún así, desear siempre que pase.


miércoles, 14 de septiembre de 2016

2:47 AM.

2:47 am. Insomnio. Vivir de madrugada ya se ha vuelto una costumbre. Probablemente, porque en la oscuridad, estar sola pesa menos. No tenerte duele menos.


Parece que en la oscuridad es más fácil ser el Ave Fénix y resurgir de las cenizas que un día fueron la candente llama de un amor tan intenso como fugaz.
Y también porque las penas, se vuelven menos penas desde el fondo de un vaso de tubo. Pero eso no es nada nuevo. Como tampoco lo es que preferiría pasar la resaca mientras me miras de reojo.

Y que ya sé que no me convienes y que estaré mejor sin ti, y que nadie es imprescindible y que todo se supera y todas esas mierdas.
Pero que yo soy más feliz si me miras a los ojos. Y eso, no es tan fácil de entender.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Tú.

Resulta sorprendente, 
habiendo aquí tantas personas diferentes; 
cada una con su historia, 
con su vida, 
con sus cicatrices y sus heridas. 

Tú. Únicamente tú. 
Lo hayas hecho. 

Hayas logrado aquello  
que nadie ha podido. 
Que los ojos me brillen 
Y me salgan esas sonrisas sin motivo. 
Que te piense noche y día 
y que en tu mirada viva perdida. 

Que Despertar contigo 
es el mejor momento, 
y compartir las sábanas  
mi mayor tormento. 
¡Y joder!, 
que por ti me enfrentaría 
a todo aquello 
que me aterra. 

Tenerte a mi lado y protegerte, 
es lo único que quiero. 

Y es que, 
resulta sorprendente 
que habiendo aquí tantísima gente, 
hayas conseguido  
que me enamore de ti.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

1.739 KILÓMETROS.

1.739 Kilómetros.
1.739 Kilómetros,
nos separan desde hace tanto
que ya me parece toda una vida.

Un avión.

He buscado entre los escondites
de este trastero desordenado
y bañado en polvo,
a lo que yo llamo recuerdos,
y ahí estamos,
entre vuelos y aeropuertos,
recibiéndonos y despidiéndonos.

Que perras las despedidas,
que siempre nos dejaban tan jodidos.

Dos horas y media de vuelo.

Han pasado ya seis años
desde que nos miramos a los ojos
por última vez.
Y entre más días pasan,
más pesan los kilómetros.

El océano Atlántico.

Seis años, en los que ninguno
lo ha vuelto a cruzar.
Duele pensar
todo lo que nos hemos perdido.

Duele saber,
que ya te has casado
y yo no he estado a tu lado.
Duele ver como he crecido
mientras tú te lo has perdido.

Me duele quererte
y no poder verte.

1.739 kilómetros.
Un avión.
Dos horas y media de vuelo.
Incluso el Océano Atlántico.
Y nada nos hará olvidarnos.

Porque hemos aprendido a
querernos así,
en la distancia.
Porque soy tu "her"
y tu mi "herman".
Porque me has dado una
persona más a la que querer
tanto como a ti.

Y sencillamente, porque
los hermanos,
nunca se olvidan.


viernes, 2 de septiembre de 2016

153 DÍAS.

Has quedado en el olvido.
Por suerte para mi,
de ti no queda nada.

Alguna vez visito
alguno de los sitios
en dónde sin pensarlo,
los dos fuimos felices;
tratando de encontrar
aquello que solía sentir.

Pero mi corazón ya no da un vuelco
al escuchar nuestra canción.

153 días después,
de lo que fuimos juntos,
ya no me queda nada.

153 días después, por fin,
ya te he olvidado.