8 de la tarde, sábado, unos preparaban la fiesta, tú ya la eras por ti mismo. Sumabas un año a tu historia y empezabas a escribir la mía. Nadie lo sabía. Ni tú, ni yo. Pero el destino, caprichoso, nos lo tenía bien preparado. Empezó como las mejores historias empiezan. Sin esperarlo, sin quererlo. Un principio de comedia romántica pero sin el enredo pertinente antes de las perdices. Una mirada. Corazón a mil por hora. Sonrisa. De la sonrisa a la risa. De la risa a la carcajada. De la carcajada a la vida. Sin duda, no nos encontramos por casualidad. Eramos la mezcla perfecta. O mas bien no. Eramos el opuesto perfecto. No sé si fue mi apatía por lo desconocido lo que encajó con tu adoración por conocer o que simplemente todo es mas sencillo cuando miras a los ojos. Aunque, de hecho, han pasado ya 5 años y aún no he aprendido a mirarte del todo. Y supongo que nunca aprenderé. Nunca aprenderemos. Pero si aprendimos a crecer. En todos los sentidos. Desde ese día hasta hoy han pasado infinidad de cosas, momentos, miradas, personas, sentimientos, emociones, pérdidas y ganancias por nuestras vidas. Los únicos que no hemos dejado de pasar somos nosotros. También hemos aprendido a querernos. En todos los sentidos. A nosotros y a nosotros mismos.
Yo he aprendido. A querer. A querer sin necesidad de poseer, sin necesidad de un compromiso constante. A querer libre. A quererme. A superar. A aceptar. He aprendido que siempre habrá una voz amiga al otro lado del teléfono y una mano dispuesta a sostenerme al borde del precipicio. He aprendido que gozo de un privilegio del que no todos tienen la suerte.
Agradecida. Al destino. A la vida.
18 años. Apasionada de la vida y la felicidad. Me gusta lo simple. Me gusta la gente que me hace reir. Creo firmemente que reir es una de las mejores cosas de la vida, cura casi todos los males. Sencilla, cabezota, terca y luchadora.
jueves, 6 de abril de 2017
lunes, 13 de marzo de 2017
Día 92.
El ser humano es adicto a todo aquello que lo hiere, lo desgasta, a todo lo que acaba con el a la velocidad a la que pasea una tortuga. Adicto a lo que le rompe el corazón y le tortura el alma; a lo que lo hace trizas. Adicto a la traición y a las personas tóxicas.
Tengo la teoría de que lo que lo hace adicto es vivir aferrado al pasado.
Al pasado de todo aquello que antes de herirlo lo hizo inmensamente feliz. A todas aquellas personas que antes que Judas fueron hermanos, que antes que Sur, fueron Norte. Su Norte.
Conservan la esperanza de que todo puede ser de otra manera y esa es la mayor tortura. A veces duele mas intentar retener algo, por mucho que lo queramos a nuestro lado, que soltar y dejarlo ir.
Lo peor, es que lo sabemos, conocemos el dolor, y aún así queremos revivir la historia. Queremos abrir la brújula y que vuelva a señalar al Norte, aunque este vuelva a ser fugaz.
Echar en falta aquello que nos hace daño debería ser un pecado capital. Y aún así, pecaríamos. Pecaríamos hasta el último instante. Buscaríamos el Norte hasta volver a perdernos.
Una y otra vez.
Y otra vez.
Y otra vez.
Y otra vez...
Y seguiría siendo inevitable no echarlo de menos. No necesitarlo. Como el drogadicto necesita a la heroína. El alcohólico a la bebida. O yo a ti.
Fdo. Tu N.
Tengo la teoría de que lo que lo hace adicto es vivir aferrado al pasado.
Al pasado de todo aquello que antes de herirlo lo hizo inmensamente feliz. A todas aquellas personas que antes que Judas fueron hermanos, que antes que Sur, fueron Norte. Su Norte.
Conservan la esperanza de que todo puede ser de otra manera y esa es la mayor tortura. A veces duele mas intentar retener algo, por mucho que lo queramos a nuestro lado, que soltar y dejarlo ir.
Lo peor, es que lo sabemos, conocemos el dolor, y aún así queremos revivir la historia. Queremos abrir la brújula y que vuelva a señalar al Norte, aunque este vuelva a ser fugaz.
Echar en falta aquello que nos hace daño debería ser un pecado capital. Y aún así, pecaríamos. Pecaríamos hasta el último instante. Buscaríamos el Norte hasta volver a perdernos.
Una y otra vez.
Y otra vez.
Y otra vez.
Y otra vez...
Y seguiría siendo inevitable no echarlo de menos. No necesitarlo. Como el drogadicto necesita a la heroína. El alcohólico a la bebida. O yo a ti.
Fdo. Tu N.
domingo, 1 de enero de 2017
Que la vida me perdone.
Que la vida me perdone las veces que no la viví.
Las veces que valoré más lo superfluo.
Las veces que dí más importancia a personas que no la merecían.
Las veces que perdí el tiempo.
Las veces que desperté sin ganas de seguir.
Las veces que he decaído sin motivos.
Las veces que he sido egoísta.
Las veces que no actué con el corazón.
Las veces que me dejé llevar.
Y también, las veces que no lo hice.
Todos aquellos detalles que no he sabido valorar a tiempo
Que la vida me perdone las veces que no confié en ella
y todas las que confié demasiado.
Las veces que actué sin sentir,
las veces que no exprimí las experiencias,
las veces que dejé que pasara por delante de mí,
sin disfrutarla.
Que la vida me perdone por todos los errores que he cometido
y que cometeré.
Por tropezar siempre con la misma piedra.
Que la vida me perdone las veces que no la viviré,
por ser la eterna aprendiz.
Las veces que valoré más lo superfluo.
Las veces que dí más importancia a personas que no la merecían.
Las veces que perdí el tiempo.
Las veces que desperté sin ganas de seguir.
Las veces que he decaído sin motivos.
Las veces que he sido egoísta.
Las veces que no actué con el corazón.
Las veces que me dejé llevar.
Y también, las veces que no lo hice.
Todos aquellos detalles que no he sabido valorar a tiempo
Que la vida me perdone las veces que no confié en ella
y todas las que confié demasiado.
Las veces que actué sin sentir,
las veces que no exprimí las experiencias,
las veces que dejé que pasara por delante de mí,
sin disfrutarla.
Que la vida me perdone por todos los errores que he cometido
y que cometeré.
Por tropezar siempre con la misma piedra.
Que la vida me perdone las veces que no la viviré,
por ser la eterna aprendiz.
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